Feliz de otra manera

Amanecí cansada de tanto andar, de dar vueltas y vueltas sin saber de cierto a dónde voy, levanté la mirada al cielo, no buscaba la aprobación de un Dios, si es que este existe, sólo quería parar de llorar, mi alma está desgastada.

Tenía ganas de gritarle a la vida, que ya me cansé de medio estar, de medio respirar, de morir en vida. Que quiero encontrar las fuerzas para ponerme de pie, y que no sé si estoy lista para la siguiente prueba, pero que no quiero terminar mi camino aquí.

¿Cuál será esa nueva prueba? En realidad no lo sé, pero el solo hecho de que sea «nueva» es lo que despierta mi curiosidad. Regreso a mí la mirada, me observo, la piel, el cuerpo me ha cambiado, cierro los ojos y descubro que el agotamiento va terminado. Me reconozco entonces dentro de esa nueva prueba, que se llama ESPERA.

Sin pensarlo, mis oídos se han vuelto más sensibles, los tengo abiertos ante sonidos que antes no existían para mi, mis ojos miran diferente, la manera en la que hablo empieza a cambiar.

Jamás me había sentido como ahora. Es una felicidad diferente, distante de la euforia, más cercana a la serenidad. Me miro al espejo y soy capaz de encontrar nuevamente mi reflejo. Ahora hay otros colores, pero no los voy a comparar, sólo puedo aceptar que son distintos a los de antes.

Me siento tranquila, voy aceptando que la vida es la que tiene el control, me quiero entregar a su flujo, dejarme llevar, disfrutar de cada segundo que vivo en esta espera, donde no sé si me toca despertar o aprender a soñar.

«Porque el dolor de tu partida me dejó ciega, no pude ver la maravilla que ha sido el poder compartir contigo un trozo de mi historia. Y me entregué a la agonía de mi vida sin ti, y te odie tanto por tu abandono que se me olvido que estuviste enseñándome a volar con mis propias alas…»

-Donde ya no estás / Mònic Soto

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