Hablar sobre mi no siempre me resulta cómodo. Algunas veces estoy en mood sádico y castigador, y otras soy benevolente y alcahueta conmigo misma. Lo que si es constante, es que todos los días busco ser una mejor versión.
Nací en México, y sonará trillado pero me considero más una ciudadana del mundo. He vivido mucho tiempo de mi vida en este país, aún así no tengo un sentimiento nacionalista. Me parece solo circunstancial. Muchos hablan de sus raíces, quizá las mías las arranque hace mucho.
De las cosas que más disfruto es viajar. Si bien no soy una persona de costumbres (hábitos muy pocos). Me atrae el cambio y la impermanencia de la vida.
Otra de las cosas que me apasiona es leer, que es otro medio para viajar. El escritor español Antonio Muñoz Molina decía: “La literatura nos permite recordar ciudades que no conocemos y querer a gente que no existe”.
El conocimiento que se adquiere viajando, leyendo, observando, aprendiendo; genera la necesidad de compartirlo. Y la manera en que yo más disfruto hacerlo es escribiendo. Es por ello que decidí abrir este espacio, crear un blog.
Me gusta mi capacidad de asombro. Mirar el amanecer, o una puesta de sol me sigue pareciendo algo único cada vez que me doy en tiempo de contemplarlo. Frenar mi vida para disfrutar del sonido de las hojas que truenan bajo mis pisadas me puede hacer vibrar.
DATOS CURIOSOS:
Me gusta mucho hacer referencia a las aves, crear metáforas sobre el hecho de volar. De niña tenía un sueño muy recurrente: Empezaba corriendo y terminaba flotando en el aire de forma muy natural, gracias al impulso de mi carrera contra el viento. Parecía tan real y normal, que debo confesar que más de una vez intenté hacerlo.
Me he lanzado sólo una vez en paracaídas, y aunque la sensación es increíblemente emocionante, no me sentí parte del aire. Para sentirme Ícaro, prefiero el parapente.
Le temo a los perros. De niña me mordió una perra muy agresiva, y se me quedó tan grabado que se hace presente el miedo cada vez que veo un perro callejero. Sin embargo, tuve una perrita Pitbull a la que amé con todo mi corazón.
Podría tener de mascota un cocodrilo, una iguana o un camaleón, pero no soporto, me ponen muy nerviosa, me aterro cuando veo una lagartija.
Me encanta el mar. Disfruto mucho de las olas, el sonido del agua. Nadar me relaja mucho. Sin embargo, me choca la arena. No me gusta la sensación de acostarme directamente sobre la arena. Pero sin dudarlo: “En el mar la vida es más sabrosa”.

