—Por favor, acérquense. Ahora que ya están en parejas, necesito que se concentren en la música y en la persona que los acompañará. En nada más. No se distraigan viendo a las otras parejas; cada una es distinta. Ábranse a la sensibilidad de comunicarse con el cuerpo para establecer sus propios tiempos. Comuníquense con su pareja: si requieren ponerse de acuerdo, acérquense y aprendan a hablarse de forma amable.
Cuando vemos a otra pareja bailar y parece fácil, en realidad desconocemos todo el trabajo que hay detrás. Y no me refiero a la técnica, sino al desarrollo de la sensibilidad ante la música y, sobre todo, a mantener la comunicación constante entre ellos.
Lo primero que vamos a aprender el día de hoy no es a mover los pies, es aprender a escuchar la música. Necesito que entiendan los tiempos, las pausas y la armonía que la composición nos propone. Colóquense todos de frente a su pareja, tómense de las manos y sostengan la mirada. Poco a poco, vayan quitando de su mente el salón, la pista, los otros compañeros de clase, y enfóquense en ustedes y en la persona con la que van a compartir la danza.
Voy a poner la canción una primera vez. La van a escuchar completa, sin hacer nada más que eso: sentir la música y mirar a su pareja.
(Termina la canción y el maestro pausa la música).
—Bien, ahora la voy a poner dos veces más, y quiero que observen los tiempos y el ritmo. Hay momentos de percusión acelerada donde todo avanzará deprisa, y momentos de melodía suave que les exigirán hacer una pausa y respirar, pero sin que eso implique, bajo ninguna circunstancia, soltar la mano de su pareja. Quiero que, con pequeños toques o apretones de manos, cada uno le va a marcar al otro cuándo siente un cambio de ritmo.
(Termina el ejercicio y el maestro nuevamente pausa la música).
—¿Cómo les fue? ¿Coincidieron en los apretones? ¿Pudieron sentir los cambios? —les pregunta.
Algunos asienten sin decir una sola palabra, otros se atreven a compartir su experiencia.
—Al principio me dio risa porque no estábamos muy de acuerdo en qué momento se producía el cambio —comenta una de las alumnas—. Así que, sin decirle nada, la segunda vez que comenzó la canción decidí cerrar los ojos y confiar. Fue entonces cuando los apretones se sincronizaron.
—Qué interesante experiencia, muchas gracias por compartirla —agrega el maestro—. Ahora bien, acérquense a su pareja, coloquen los brazos y los pies en posición de inicio. Esta vez olviden la cuenta, no habrá giros; solo van a estar así, escuchando la canción desde esta posición. Quiero que se comuniquen con el cuerpo, estén abiertos a transmitir y a dejarse llevar. No se van a mover de su lugar.
(El maestro nota que algunos de los alumnos muestran un poco de impaciencia o ansiedad y quieren ya comenzar el baile).
—Paciencia, esto es de poco a poco. Primero necesitan conocerse bien, reconocer la canción que los acompañará. Mover el cuerpo es fácil; hacerlo en armonía con el otro requiere tiempo, auto observación y reconocimiento hacia la pareja.
Una vez dicho esto, ahora sí, me dirijo primero a los que llevan, a los líderes.
Para guiar, primero deben observarse a sí mismos. Cuál es el espacio que ocupa su cuerpo con respecto al de su pareja. Busquen su propio equilibrio. Si están inseguros, comenzarán a dudar de sus pasos y pueden provocar que su pareja caiga. Necesitan estabilidad propia antes de comenzar a moverse en pareja.
¿Listos? Brinden la mano a su pareja para que pueda sentir el apoyo. Con la otra, apóyenla sobre la cintura de su pareja a modo de contención. Esta posición ayuda a que durante el baile los dos se sientan seguros. Cuando comience la música, deberán tener claro que liderar no es empujar ni jalar. La guía se hace a través de una presión firme para que sea clara, pero sutil para no lastimar. Guiar es una invitación; es sugerir con paciencia y dar dirección, respetando siempre el espacio del otro.
El líder debe estar atento a la pista para evitar choques con otras parejas. Su prioridad es proteger a la persona que se está dejando guiar. Debe estar atento a las dificultades del entorno sin dejar de escuchar la música. Aquí es donde muchos de ustedes se me distraen: están más preocupados por el entorno y dejan de ver a sus parejas. Aunque llevan la cuenta mental de los pasos, terminan por chocar entre ustedes. ¡Atentos a eso!
Ahora me dirigiré a los que serán guiados, los seguidores.
Parece que les toca la posición más fácil, pero no es así. Para empezar, porque deben soltar el control y confiar plenamente en su pareja. El que sigue al líder no es un elemento pasivo. Requiere una atención absoluta en el cuerpo para descifrar los impulsos y códigos que recibe a través de las manos, en la espalda o con la mirada. Se requiere estar cien por ciento involucrado y comprometido, ya que es necesario aprender a identificar los pequeños detalles y necesidades de la pareja durante toda la canción.
Si se ponen rígidos, pueden no sentir lo que su compañero les está solicitando; y si se aflojan demasiado, se convierten en una carga. Así que, atentos a su cuerpo: recuerden mantener el pecho abierto, sonreír y soltar los brazos buscando una respuesta elástica para que la comunicación fluya. Su compañero es solo un apoyo, pero ustedes deben mantenerse a sí mismos durante todo el baile; no se dejen caer. Cuando les digo que confíen en su pareja, es delegar en ellos la responsabilidad de guiar, pero ustedes son partícipes igual de importantes. Deben girar y moverse al ritmo para no chocar.
¿Estamos listos? Les recuerdo que todos estamos aprendiendo. No se juzguen. No teman equivocarse. Si el seguidor se equivoca de paso pero mantiene el ritmo, el líder ajusta el paso y el baile continúa. Si alguno de los dos se paraliza por pensar en el error —si le dan más importancia de la que tiene—, se van a desconectar de su pareja y puede ser riesgoso. La resiliencia en las parejas consiste en aprender a perdonar los tropiezos cotidianos y seguir moviéndose con la música.
Antes de empezar, recuerden que están aquí para disfrutar de este espacio, de la música, de su compañero. Atrévanse a sentir, no dejen de mirarse mutuamente, sonrían y, pase lo que pase, vívanlo.
Bailar es moverse al ritmo de la música sin pisar los pies de alguien, muy parecido a la vida.


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