Hay ausencias que llenan más que presencias

Estamos distantes pero no distanciados. Así me siento cuando te pienso y en mi mente comienzo conversaciones contigo cada vez que encuentro una anécdota que te quiero compartir, un pensamiento que me gustaría saber tu opinión… y en esos instantes parece como si mi cuerpo físico también se transportara aquel café donde solíamos reunirnos.

Vuelvo a saborear el pan que compartimos, tu abrazo, tus dedos pellizcando mis cachetes como si fuera una niña pequeña.

Recuerdo perfectamente el timbre de tu voz, porque en estas conversaciones nuevas que voy recreando en mi mente puedo escucharte, sé cuando te reirías de mis ocurrentes soluciones o de mis locos arrebatos.

Tantas veces quise que me quisieras, ahora lo tengo tan claro, me amaste con todo tu ser a tu manera. Caí en la cuenta durante estas conversaciones nuevas imaginarias contigo. Al tratar de adivinar cuáles serían tus respuestas recordé de que nunca me dabas soluciones, siempre confiaste en que sería capaz de encontrarlas por mi misma, me hacías cuestionarme mis planteamientos, no desde el juicio sino por el contrario, validándolos porque eran la respuesta a mi intuición. Me brindaste continuamente la oportunidad de equivocarme porque sabías que era parte del proceso de aprendizaje.

“¿Por qué quieres acertar? Si te equivocas tienes la oportunidad de ver más aristas del mismo prisma.” Decías.

Era yo quien quería ser perfecta para sentirme merecedora de tu amor, para mi era tan importante no defraudarte a ti o a mamá. Pero tú siempre me amaste por quien soy, así de simple y profundo como suena.

Gracias por seguir presente en mi, por seguir mostrándome desde tu ausencia que para amar no se necesita estar, se requiere reconocer tan solo que el otro existe y que es importante en nuestra vida.

Conforme voy creciendo, me voy conociendo a mí misma, reconozco que lo que creí que no tenía de ti, es porque estaba tan cerca que mis ojos no lo podían ver… se trataba de sentir.

Me encanta sentir que me acompañas en la carretera y te comparto las canciones que me gustan. A veces mientras manejo pongo esas canciones que cantamos infinidad de veces juntos analizando la letra.

Aunque soy una adulta de más de 40 años, a veces me siento niña y lloro porque desearía un abrazo tuyo, de esos que me recargaban el alma. De volver a escucharte llamarme “mi cielo” o “Vady”. Y luego sonrío porque aparece en mi mente tu cara, sé exactamente cómo me mirarías si me ves llorar así.

Tu ausencia debería sentirse como un vacío, quizá cada vez más grande conforme pasa el tiempo, y sin embargo, es al revés. Tu ausencia ocupa un enorme espacio en mi vida. Te siento cercano, presente… y nuevamente me enseñas que para sentirme amada solo tengo que mirar dentro de mí.

¡Te amo, papá!

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