El placer del dolor

Circuitos conectados

Un estudio enfocado en el placer y el dolor como elementos clave procesados por el cerebro humano mostró que el cerebro es capaz de almacenar memoria emocional, recuerdos malos y buenos que nos dicen cómo actuar cuando volvemos a encontrar amenazas o premios.

Se ha comprobado que los circuitos neuronales del placer y el dolor están conectados a nivel cerebral y son muy parecidos en el ratón y en el ser humano.  Introduciendo moléculas fluorescentes en el cerebro de ratones que fueron sometidos a pequeñas descargas eléctricas o recibían una golosina justo después de escuchar un sonido de alarma, han podido dilucidar qué neuronas intervienen en cada uno de los circuitos y se ha comprobado cómo ambos están interconectados.

Esta investigación  ha permitido demostrar que cuando se estimulan los circuitos que canalizan las experiencias placenteras, el circuito opuesto se bloquea y los ratones pierden la capacidad de aprender de experiencias dolorosas y viceversa.

Ayer tuve que pedir ayuda, me dolía demasiado la espalda alta, he estado entrenando con más peso durante lo que va del mes de julio, y era necesario un descanso para mi cuerpo. Durante la terapia sentía dolor pero estaba dispuesta a atravesarlo porque sabía que era la manera en que aliviaría la tensión entre mis escápulas.

Bromeaba con mi fisioterapeuta sobre que el “único dolor aceptable” era el de gimnasio. Cuando llevas a tus músculos al fallo es doloroso aunque sabes que verás los resultados, no de manera inmediata, todo requiere tiempo, paciencia y compromiso… el dolor se capitaliza en placer.

Esta mañana aún hay un poco de dolor aunque al hacer los estiramientos me fue posible llevar los brazos hacia atrás, juntar mis escápulas y estirar hasta relajarme. Seguramente en un par de días más la molestia desaparecerá por completo, es necesario que siga movilizando mi cuerpo y retomar la rutina.

Durante la meditación he enfocado el pensamiento a esa parte de mi cuerpo, disculpándome por si en algún momento me he excedido en el ejercicio, agradeciendo su fortaleza y también el hacerme ver que en ocasiones es necesario pausar y pedir ayuda.

Desde hace un buen tiempo descubrí que el cuerpo humano es un universo complejo, completo y sorprendente. Cuando digo “descubrí” me refiero a experimentarlo, porque la teoría la hemos escuchado en varios lados, hay libros que hablan de esto, y para los que practicamos yoga es algo que continuamente nuestros guías nos lo recuerdan. Nuestro cuerpo físico, las emociones y los pensamientos se afectan unos a otros continuamente.

En algún momento de mi vida me enfoqué principalmente en la alimentación, y me volví estricta hasta un punto exagerado. Después de eso, me volqué en fortalecer mi cuerpo y comencé el entrenamiento físico, como el desgaste me generaba más hambre la rigidez en mi alimentación comenzó a frustrarme al grado de no disfrutar la comida (siendo que soy una amante de la cocina).

Entré en un estado tan vulnerable emocionalmente que escuchaba todo lo que la gente (cercana o desconocidos) pudieran opinar al respecto. Todo lo empecé a dar por cierto sin cuestionar, tratando de experimentar todos los consejos, juicios, críticas que recibía, hasta el punto en que dejé de escucharme a mi misma, y terminé por descuidar mi alimentación y el ejercicio. Al principio se sentía bien, como estar anestesiada, cuando el pasó el tiempo comencé a sentir un dolor profundo, no podía identificar si era algo emocional, mental o físico.

El equilibrio es estático. Lo mismo que hay en un lado de la balanza tiene que haber en el otro para estar en equilibrio. Esto aplicado a nuestro cuerpo físico, emocional, funcional y pensamientos resulta imposible de lograr. La rigidez hace que en momentos de crisis se rompa el equilibrio. Entonces, me resulta mejor trabajar en balance. A veces un lado cobra un poco más relevancia (peso) y es necesario compensarlo desde otro punto para volver a pasar por el centro.

Todo lo experimentado a través de esta lesión, me ayudó a ver que, el dolor emocional la mayoría de las personas lo vemos como algo malo. Buscamos evitarlo lo máximo posible, y cuando lo experimentamos buscamos salir rápido de ahí.

Ahora estoy abierta a sumarlo a mi crecimiento, iré en busca de él como cuando voy al gimnasio. No asisto pensando en el dolor, sino en lo fuerte y firme que estará mi cuerpo en un tiempo.

Para cambiar un pensamiento es necesario atravesar el dolor de ver que aquello que dábamos por cierto ya no nos funciona, no tenemos la certeza de qué es lo que si funciona, solo experimentando lo podremos aprender.

Me siento preparada para experimentar esta nueva etapa de aprendizaje. Representa un nuevo reto para mí, estar en conciencia para atravesar el dolor sin pensar en el sufrimiento, sino en la experiencia que me llevará a una nueva y mejor versión de mi misma.

Mi papá solía ponerme esta estrofa de la canción que les comparto como comentario final:

«Debes amar el tiempo de los intentos,
Debes amar la hora que nunca brilla…»
– Silvio Rodriguez

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