A tu alrededor hay belleza. A veces solo necesitas alzar la mirada para verla. Disfruta de tu propia compañía. Haz compromisos contigo misma y reconcíliate conmigo. Deja de esperar a que alguien más brindarte una vida vida amorosa, comienza con la manera como te tratas.
Conócete mejor. Pregúntate qué has estado evitando, qué has postergado y qué no te has atrevido a trabajar en ti. Tal vez allí encuentres la razón por la que vuelves a lugares donde ya no quieres estar.
Deja ir lo que cumplió su ciclo. Conoces la respuesta, aunque todavía te cueste aceptarla. Suéltalo. Suéltate. Y cuando aparezca un pensamiento confuso, no intentes expulsarlo ni te aferres a él. Obsérvalo llegar y déjalo pasar.
Seguir un camino que sabes que no te lleva adonde quieres ir, puede convertirse en una costumbre. Escúchate. Quizá hoy puedas reconocer que fue una suerte que algunas cosas no sucedieran como esperabas. De otro modo, podrías seguir allí, dando vueltas y entregando a otros lo que a ti apenas te concedías.
Mírate ahora. ¿Dónde estás? ¿Cómo te sientes? ¿Qué pasa por tu mente? Todo se siente distinto, ¿verdad? Tal vez por eso te desconcierta. Has intentado hacer las cosas de otra manera y has llegado a un lugar desconocido. Eso era lo que buscabas, ¿lo recuerdas?
Ten calma. Camina despacio y descubre este nuevo sitio. ¿Qué te gusta de estar aquí? ¿Puedes sentirlo? ¿Me escuchas?
Tal vez aún no reconoces mi voz. Sí, soy yo: la que vive al otro lado del espejo. La que se alegra contigo cuando algo te hace feliz y te habla bajito cuando algo no termina de convencerte. A veces te enojas conmigo porque sabes que no me escuchaste. Pero aquí sigo. Voy a acompañarte hasta el último aliento. Puedes contar conmigo.


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