La vi cruzar la puerta y esta vez fue diferente. Traía el cabello suelto y comenzó a torcer un mechón entre sus dedos mientras buscaba con la mirada entre la gente. En cuanto sus ojos se detuvieron, el corazón le dio un vuelco, para disimularlo se llevó ambas manos al cabello tratando de hacerse una cola. Caminó ligera, sin prisa y sonriente hacia la mesa.
Busqué ponerme de pie, dejar la silla, aproximarme a saludarla, creo que solo lo pensé, porque en realidad me quedé inmóvil observando lo feliz que se veía. Abrió la silla con la mano izquierda y se sentó de frente.
Me pareció escuchar que se disculpó por el retraso, para mi cualquier momento en que ella estuviera cerca me parecía un encuentro muy afortunado. Se colocó con suavidad la servilleta sobre las piernas, mientras las cruzaba dejándolas de costado. Su mirada parecía ser guiada por sus movimientos, y su sonrisa un enorme golpe de impacto a mi seguridad.
Había tenido un buen día o quizá solo era que le emocionaba compartirlo, se veía radiante, feliz, sonreía en todo momento, me tenía cautivo entre su sola existencia y el movimiento de la mano llevándose el cabello detrás de la oreja cada vez que dejaba al descubierto su hombro izquierdo.
Cuando trajeron la comida a la mesa, era un gozo ver como disfrutaba cada pequeño bocado. Descubrí que le gustan los olores, se acerca ligeramente el tenedor a la nariz antes llevárselo a la boca. Por mi parte, imaginaba su lengua divirtiéndose con ese pequeño trozo de comida, llevándolo de un lado a otro en círculos, provocando maromas de sabor.
Fui muy observador, no me permití parpadear para no perderme ningún detalle. Por ejemplo, noté que cuando algo de la conversación o de la comida le agrada mucho aprieta ligeramente la mano derecha. Cuando algo le genera interés o duda suelta los cubiertos o el vaso, y une las yemas de los dedos de ambas manos formando un diamante.
La velada terminó, para mí fue como cuando estás en la sala del cine, y sabes que están por prender las luces y no te quieres ir. Te has involucrado tanto en la historia que quieres saber que sigue. Esta vez logré levantarme de la silla, pero mis pies parecían estar ahogados en cemento, no fui capaz de dar un paso.
Su acompañante le ayudó a colocarse el suéter, y en ese momento sentí el ardor en mis mejillas, la envidia se apoderó de mi, me sentí celoso de ver sus manos acariciando su cabello. Después le ofreció su mano y ella se enlazó con él apoyando su cabeza en su hombro.
Impávido los vi salir del lugar. Se veían tan felices, tanto como lo imaginé hace meses, cuando la ví por primera vez, ella se sentó junto a mi, aquí en la barra, yo pasé toda la tarde buscando la mejor forma de entablar una conversación con ella.
El tiempo que la tuve junto a mi, su perfume, su sonrisa, sus movimientos me hacían fantasear diversas historias a su lado, y al final se fue sin que yo pudiera preguntarle al menos su nombre.


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