En tiempos de toxicidad

En estos días que de forma contradictoria pareciera que lo que se desea es encontrar toxicidad en las personas, resulta tóxico no ser parte de esa vorágine.

Constantemente en internet aparecen nuevos “especialistas” o al menos gente que siente que debe juzgar el comportamiento de los otros (nunca el propio) y hacernos ver a través de blogs, videos, comentarios y memes como es que se comporta la gente llamada “tóxica”.

Hasta el momento no me he encontrado a ninguno de esos “gurús de la toxicidad” hablando en primera persona, donde hablen de cómo a veces sus inseguridades, sus emociones, sus heridas les juegan una mala pasada y los lleva a tener una actitud o comportamiento “tóxico”.

Regresando al punto de mi reflexión, resulta que, cuando eres respetuosa del espacio y tiempo de otro, cuando no lo acosas, cuando confías en lo que te dice y no lo pones en duda… en definitiva, avanzas con tu vida de manera normal sin estar al acecho de nadie, resulta que no era el comportamiento esperado por el otro.

En estos tiempos la gente suele ir con bandera de “quiero ser libre” mientras te está ofreciendo el pie para que le coloques un grillete.

Nadie sabe lo que quiere hasta que consigue lo pide. Y resulta que no es como lo imaginó.

Hasta aquí, me gustaría agregar que, todos tenemos comportamientos que quizá a alguien piense que no son los correctos. Esto se debe a que cada uno experimenta la vida desde sus propias vivencias, estados de ánimo, situaciones.

Incluso ahora que escribo esto, lo hago con el afán de mostrar que hasta el comportamiento que parece adecuado o aceptable, según el estado de interlocutor o receptor podría no serlo. Y definitivamente no hay nadie que pueda adjudicase la razón o decir quien está en lo correcto.

Únicamente somos personas que vamos encontrando la forma de relacionarnos con nosotros mismos utilizando como espejos a los demás. No juzguemos, no psicoanalicemos a los otros en busca de validarnos.

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