Aún me gusta ojear aquellos libros y tropezar con tu recuerdo. Leer las palabras que dejaste subrayadas como un código que solo tú y yo conocemos.
Disfruto mojarme la yema de los dedos y cambiar página por página hasta que todas quedan humedecidas de la orilla.
Repentinamente cerrar el libro, apretarlo firmemente y percibir su peculiar aroma.
No importa cuantas veces lo lea, siempre aparece entre líneas tu rostro, puedo distinguir perfectamente tus ojos, esa mirada con deseo y rabia.
Te disfruto aún en distancia, me siento liberada de saber que aún cuando no estés físicamente … te siento.
Este es el libro de mis fantasías y en ellas habitas tu, aunque no lo quieras. Eres prisionero y verdugo en la misma historia.
Textualmente, son esas comas que trazas con tu lengua como puntos suspensivos, las que me incitan a seguir leyendo hasta que te conviertes en el insomnio que se enreda en mi cabello.


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