¿Bailamos?

Empezamos bailando. Hemos compartido tantas canciones que quizá por eso mi sueño favorito, aunque vuelve una y otra vez, nunca es exactamente el mismo: en él bailamos juntos.

A veces me recuesto en el sofá, pongo música y cierro los ojos. Me parece escuchar tu respiración y siento mi pecho agitado contra el tuyo.

Damos pasos pequeños. Mi vestido roza tus rodillas mientras giramos. Alzo la cara, encuentro tus ojos y me descubro sonriendo en el reflejo de tus lentes.

No seguimos del todo el ritmo de la música. Nos detenemos para besarnos, para acariciarnos, y luego retomamos nuestra danza. Tu mano descansa en mi espalda y me acerca a ti. Te abrazo. Apenas queda espacio entre los dos.

Tu respiración junto a mi cuello me provoca una sensación de frío y calor que me arranca sonrisas y suspiros.

No decimos una sola palabra, pero siento que algo entre nosotros conversa.

Me gusta imaginar que bailamos: tú tienes toda mi atención y yo, todo el abrigo de tus brazos. La música trae de vuelta las imágenes que guardo en la memoria. Cierro los ojos sobre el sofá y, por un momento, vuelvo a bailar contigo.

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