
Tus ojos y mis ojos han intercambiado más conversaciones que nuestra voz. Estoy convencida de que la conexión que hay entre nosotros no es algo que se dé con facilidad, ni un día cualquiera.
Probablemente dirás que estoy loca o que estoy exagerando, pero nuestro encuentro no ha sido fortuito, es una decisión de vida.
Teníamos que conocernos, hay cosas que yo tenía que aprender de ti, hay otras que has aprendido de mi. Estaba dispuesta a poner toda mi atención, paciencia y ternura para darte la seguridad de salir de tu zona de confort. Quería crecer contigo, quería sentirte y estar en ti.
Hace tanto que no escribía más de una línea, y ahora he llenado libretas con conversaciones que podría tener contigo. Eres la llave que amorosamente abrió la fuente de mi inspiración y motivación.
Estoy convencida de que, todo lo que sentimos al estar juntos, no es casualidad. Quizá no podemos definir lo que nos pasa, pero es evidente que nos sentíamos bien estando juntos.
Cuando tienes la necesidad de hablar me buscas, cuando tengo ganas de un abrazo me brindas el tuyo.
Ahora que me has cerrado la puerta en la nariz, que me estás dejado fuera de tu vida sin saber porqué, me doy cuenta que podría hacer muchas cosas por ti, pero ni una sola contra tu voluntad o sin respetar tus decisiones.
Algo dentro de mi, quizá porque me cuesta trabajo creer que esta conexión se agote, me dice que no has tomado la decisión conforme a lo que quieres, sino a lo que conoces y te da «seguridad».
Tienes miedo de atrévete a estar conmigo, a que tengas que pelear y cansarte en la batalla, de comprometer tus pensamientos, de no poder ser fuerte siempre… pero si me hubieras dado la oportunidad de coger tu mano, quizá habría sido más fácil para mi cruzar el miedo y dejarme llevar por lo sentimientos, habría sido más fácil para ti darte cuenta que, detrás de ese miedo hay un mundo en calma que solo requiere que estés.
Esta conexión es tan fuerte y transparente que, podría ser algo positivo para los dos si te atrevieras, pero no.


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