Bienvenido seas

Quiero empezar por contarte algo: escribir me divierte, me emociona y me alimenta el alma. Quizá por eso, aunque todavía no te conozco, he decidido escribirte nuestra primera carta de amor.

Puede que te sorprenda y pienses que estas palabras no son para ti. Yo tampoco sé aún a quién van dirigidas. Tal vez, al leerlas, descubras algo de mí y sientas que nuestras formas de mirar la vida podrían encontrarse. Y si no ocurre, también estará bien.

Pero si llegas a la última línea con ganas de saber quién soy, me gustará recibir tu llamada. Quizá sea el comienzo de una conversación que nos lleve, algún día, a estar frente a frente.

Soy una mujer que ama con intensidad. No quiero entregar lo mejor de mí a cuentagotas, como si tuviera garantizado todo el tiempo del mundo. Me gustaría poder hacerlo con libertad y encontrar unas manos abiertas para recibirlo.

La vida nos enseña también a través de los tropiezos. Sé que tienes una historia y heridas que te pertenecen; no espero llegar para sanarlas por ti. Yo sigo trabajando en las mías. Cuando nos encontremos, quisiera llevar conmigo una felicidad propia que pueda compartir contigo.

He pensado muchas veces en lo que significa atreverse. Me imagino al borde de un lugar muy alto, no para caer, sino para abrir las alas y descubrir hasta dónde puedo volar. Así me gustaría acercarme al amor: con valentía, curiosidad y la voluntad de construir algo juntos.

Creo que para amar necesito sentir y pensar. Quiero admirarte, emocionarme contigo y reconocer en ti a alguien con deseos propios, que celebre también los míos. Los gestos bonitos importan; también importa que podamos crecer sin pedirnos que dejemos de ser quienes somos.

Seguramente habrá cosas tuyas que no comprenda de inmediato, y otras mías que te desconcierten. Te ofrezco mi disposición a hablarlas y a escuchar lo que tengas que decir, incluso cuando sea difícil. Haré lo posible por no asumir que cada enojo tuyo tiene que ver conmigo. Espero que tú también quieras entender lo que hay detrás de mis palabras.

Nos equivocaremos. Ojalá podamos reconocerlo, reparar el daño cuando sea necesario y buscar soluciones sin convertir cada diferencia en una batalla. A veces aprenderé de ti y otras quizá tú aprendas de mí. Me gusta pensar que nos daremos espacio para cambiar de opinión y conocernos de nuevo.

No espero que seas perfecto. Me gustaría que puedas mirarte con honestidad y cariño, con tus virtudes y tus defectos. Eso mismo intento hacer conmigo. Lo que deseo recibir es también lo que quiero ofrecerte.

Me gusta ponerme a prueba, aprender y levantarme las veces que haga falta. Mi vida ya está en marcha y tengo proyectos que me entusiasman.

Imagino nuestras risas, la lectura, la música y el silencio. Imagino mañanas en que nos alegre despertar juntos y días difíciles en los que sepamos acompañarnos. Quisiera que pudiéramos sembrar incluso cuando la tierra parezca árida, encontrar calma en medio de la marea y darnos abrigo en nuestros inviernos.

Habrá sonrisas espontáneas, caricias y besos que ninguno de los dos haya planeado. Y espero que, mientras caminemos juntos, nuestras alas sigan siendo libres.

Por ahora seguiré aquí, ocupándome de mi vida, aprendiendo y escribiendo. No tengo prisa por adelantarnos. Cuando nos encontremos, empezaremos por conocernos.

Hasta entonces, sigue caminando.

Te dejo un beso pendiente. Me gustará entregártelo cuando llegues.

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