Corte de caja

Sin duda, este año ha sido el más duro y difícil de mi vida hasta ahora. Curioso que, llevaba varios años imaginando mi vida a los 40, y siempre imaginé momentos más alegres, emotivos, llenos de celebración. Jamás imaginé vivir las cosas que en este año me sucedieron.

Enero arrancó de una manera tan monótona y rutinaria, que rápidamente intuí que era momento de hacer ajustes y cambios. Con la motivación de mi cumpleaños número 40 en la puerta, pues los anhelaba con ahínco.

Febrero arrancó desordenadamente, y todos los planes que tenia para mi fiesta se esfumaron. Sin embargo, el espíritu de celebración no se perdió y acabe teniendo una cena de cumpleaños mejor de lo que pude planear. Rodeada de amigos que me han acompañado en diversas etapas de la vida. Aqui haré un paréntesis porque es necesario incluir una reflexión sobre la amistad.

No me sorprende no tener millones de amigos, me sorprendí verles a todos hacer un esfuerzo por celebrar conmigo. Reconozco que no sé ser constante en la amistad. No soy de las que te llama todos los días, casi nunca soy yo la que propone una reunión. Normalmente no me acuerdo de los cumpleaños (ahora con FB es más fácil) y no estoy tan al pendiente de sus vidas. Ese día, al decirles lo que cada uno de ellos representa en mi vida, me salió del corazón. Pero lo que en verdad me sorprendió es escucharles hablar sobre nuestra amistad.

Esto me ha llevado a ser más cuidadosa, y a darme el tiempo para tomar el teléfono y hacerles una llamada de vez en cuando. Observar que les gusta o en qué andan, para procurar compartirles algo de lo que a ellos les interesa. No me ha representado un gran esfuerzo, pero si me ha llenado el corazón de momentos felices al sentirles cercanos.

Esto que ocurrió en mi cumpleaños, sin duda fue la primera GRAN LECCIÓN.

Marzo fue el mes de andar como judía errante. Tratando de buscar un nuevo apartamento. Sin duda, el apoyo y solidaridad de mis amigos se hizo presente. Y rápidamente localicé un bello lugar que, hice mío enseguida. Disfrutaba mucho estar en ese espacio. Y conocí a otra gran persona que, también fue clave en este año.

Abril representó muchos cambios en mi economía, que aunque mi madre siempre ha sido solidaria y un gran apoyo, para mi representó trabajar el doble. Pero la 2da Gran Lección llegó. Uno puede sobrevivir a las malas rachas de dinero, cuesta, pero solo es un esfuerzo extra. Este ya no podrá ser algo que me detenga, ninguna zona de confort económico es suficiente para frenar mi camino por la vida, me gusta sentir esa fuerza en mi interior.

Mayo un mes muy contradictorio. Pase bellas tardes con papá, hablamos de muchas cosas personales, nos abrimos el alma, nos tocamos las heridas y las sanamos. Jamás imaginé que aquellos días eran el principio del fin.

Junio arrancó con la partida de papá. El conocer su deseo de ya no vivir me sacudió. Hay muchas cosas que sucedieron en esa semana de hospital que todavía no las asimilo. Pero ya no tengo prisa, son piezas que encontrarán sus lugar poco a poco. Y aquí empezó la 3era Gran Lección. La más fuerte, la más profunda, dolorosa y sin duda la que más enseñanzas me sigue dejando.

Julio. Cuando era pequeña y mis padres ya estaban separados, yo veía a mi tío Saúl y quería que él fuera mi papá. Quizá porque se parecían en muchas cosas. Pero me gustaba mucho su lado artístico. Me encantaba ver sus manos de pianista o pintor. Siempre leyendo y filosofando. Pues Saúl, mi tío Saúl, también se despidió. Pero lo que más recuerdo de las veces que me tocó estar con él en hospital fue cuando me preguntó: «si yo no te conociera, y te pidiera que me resumieras cada etapa de vida, ¿qué me contarías?»

Recuerdo lo que le contesté, pero esa pregunta me la he hecho muchas veces desde ese día. Y entonces, llegó la 4ta Gran Lección. Decidí vivir mi vida de tal manera que al platicar de ella, me diera gusto poder recordar todas esas anécdotas. Más alineada a mis pensamientos, deseos y motivaciones.

Agosto nuevamente un cambio. Ahora de Ciudad. Y esa persona que me rentó el que hasta entonces era mi refugio, mi espacio, me dió una Gran Lección. Sin conocerme, fue comprensivo, compasivo a mis necesidades, y me motivó para seguir adelante con mi proyecto profesional.

A veces cuando algo no me salía bien, me frustraba pero papá siempre creía en mi. Me decía, eres afortunada, no cualquiera se atreve a volver a intentar algo en lo que ya «fracaso» en un primer intento. Pero no me sentía así. Creía más en que era su amor de padre que me quería dar consuelo.

Pero, volviendo a la otra persona, sin conocerme, creyó en mi. Y me decía cosas de mi como si de verdad me conociera. Eso me movió mucho. Me ha hecho mirar más en mi interior, sin juzgarme, solo observarme.

A finales de agosto pase por una muy desagradable experiencia de acoso. No voy a contar lo sucedido, pero entendí que hasta estas cosas tan irritantes y dolorosas, me han traído aprendizajes. No voy a dejar que nadie más me haga sentir vulnerable de ninguna manera. Alzaré la voz y me defenderé siempre, ya basta. Si, puede que me vean sola, pero me defenderé, seré valiente frente a quien sea.

Así que, después de lo ocurrido mudarme a Cancún representa para mi un cambio de libro. Ha escribir una nueva etapa.

Septiembre. Casa nueva, vida nueva. Me gusta mi casa, me encanta la tranquilidad con que se vive aquí. Quizá sea el olor a mar, o solo mi imaginación. Pero cada cosa ha tomado su lugar.

Octubre. Nuevos amigos, nuevas formas de ver la vida. Y espejismos que obligaron a tener los ojos bien abiertos. Un mes de muchos retos en lo profesional. Una incertidumbre de saber si había tomado la decisión correcta. Nunca he sido muy hogareña, pero ahora, en esta etapa extraño mucho a mi familia. Me gustaría vivir cerca de mi hermana y sus hijos, pero también de mamá.

Noviembre. Un golpe al corazón. De pronto me vi sin papá POR SIEMPRE. Todo el dolor escondido se hizo presente. Me sentí abandonada, sola y confundida. Me parecía increíble que papá no hubiese pensando en vivir un poco más para estar conmigo más tiempo. Estuve enojada, distraída, abrumada por los asuntos laborales. Atrapada en una inmensa ola de emociones que me querían ahogar.

Diciembre. Después de la tormenta llega la calma. Y en realidad las condiciones no cambiaron, pero mi forma de ver las cosas si. Como un choque estelar, una chispa de alegría y tranquilidad llegó a mi vida. Mi estado de ánimo cambio. Mi situación sigue siendo la misma, pero hoy me siento motivada. Estoy convencida de que regresar al gimnasio tiene mucho que ver, pero también me siento segura de que esas lecciones del 2018, si no me mataron me hicieron darme cuenta de mi fortaleza.

Ahora que escribo estas letras, me siento feliz, emocionada de lo que vendrá en 2019, y agradecida por todo lo que me tocó vivir en este Gran Año, que estaba por concluir que era el peor, pero ahora creo que como decía papá, ha sido el mejor, por todo el crecimiento.

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