Transformación

No he podido esperar más. Esta mañana me he levantado incluso antes que el despertador. Sin despojarme de la pijama me recojo el pelo en una coleta, salgo de la cama dejando tras de mi los sueños de ayer. Es preciso abrir todas las ventanas, arranco con fuerza las cortinas, nada debe evitar la libre carrera del viento por la casa. Mientras se calienta el agua para el té, me deshago de todos los viejos trastos, los estrello con gloria y agradecimiento por todo lo que en un momento fueron pero ya no serán más.

Arrastro con soltura los muebles, los voy apilando en la calle, cualquiera que ahora los necesite se los puede llevar. Me gusta la sensación de vacío que se genera en este espacio donde ahora sólo hay muros, muros que no delimitan el espacio sino lo contienen. Me voy desprendiendo de mis viejas ropas, de mis viejos aromas, de todo lo que ayer fui pero ya no soy más. Me quedo con lo que soy, con lo que traigo, con lo que contengo en mi.

Los prejuicios y los miedos siguen encerrados en el patio de atrás. Voy abriendo cada una de las jaulas, las aves pequeñas son las primeras en escapar, todas van encontrando el sentido del viento, del tiempo, de la libertad.

Hoy es un día inusual, pero como debían ser todos los días, como son y no los vemos, diferentes, singulares y únicos.

Estoy aquí para escucharte, estoy aquí en movimiento para esperarte, estoy aquí.

Hoy no soy yo quien abandona el sitio, no soy yo la que se va. Voy derribando puertas, liberando luz,  estoy viajando sin carga, me presento sin nada ante ti. Hoy no me mudo a tu espacio, yo vengo a invitarte al mio. A este nuevo sitio donde he destruido y derribado lo pasado. Donde no hay muros, donde no hay cerrojos, un lugar donde estarás en posibilidad de irte cuando quieras… lo que me interesa es disfrutar de tu presencia, de saber que estás aunque siempre te puedas ir.

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