Es miserable sentir las ganas de salir corriendo de un espacio, un tiempo donde en verdad eres feliz. A veces sólo una chispa de irritabilidad te llevan a querer desaparecer, estar en otro sitio, en otro espacio y… te vienen ganas de volver a otro tiempo.
Cuando uno ha sido plenamente feliz, cualquier felicidad venidera te queda corta, ligera. Te es muy fácil pensar que puedes prescindir de ella.
Suena estúpido, egoísta e ilógico pero así es. Ningún tiempo, se repite, lo cercano a la plenitud sólo cuando se vive lo reconoces. Cualquier otra situación puede parecerte maravillosa, pero jamás es igual.
Me cuesta mucho caminar entre fantasmas ajenos. Sobre todo porque son pesados obstáculos luminosos que te muestran una realidad de la que no quiero ser parte. A la cual no pertenezco, me he esforzado toda mi vida por no andar ni siquiera cerca de ahí. Esto último me lleva a pensar que quizá soy yo la que ha escogido un camino incorrecto. Por eso me es tan fácil pensar que, en otro sitio puedo estar mejor.
Si, en otro sitio, con mis fantasmas, que me ha costado mucho tiempo aceptar su dualidad, están constantes pero jamás presentes. Pero ahí, donde me pierdo con ellos, donde juego a ser yo. me encierro en mi mundo, y por ahora no necesito más.
Entonces es cuando pienso, ¿qué diantres hago en un mundo donde ni letras o las bellas palabras tienen importancia?


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