Naufragio II

Un golpeteo continuo de las olas contra el barco empieza a ser audible, aún se escucha lejano, pero la intensidad del sonido va en aumento. Por el momento,  no me atrevo a abrir los ojos y mucho menos a moverme. No soy consciente de mi cuerpo, tampoco de mi mente. Estoy en medio del letargo, la brisa suave y sutil penetra mi nariz, me cuesta trabajo inflar mis pulmones de aire, resulta doloroso respirar. Aspiro una pequeña bocanada de aire por la boca y me raspa la garganta. La tos mueve el resto de mi cuerpo, me llevo una mano a la cara, me tallo los ojos, y una luz ciega mi torpe visión.

Poco a poco, hago conciencia de la posición en la que me encuentro, comienzo a sentir mis pies aún húmedos dentro de las pesadas botas, la sal de la ropa me escuece la piel con el calor del sol. Mi cabello está duro, como estropajo viejo, me cuesta trabajo meter los dedos. Lo dejo de intentar. Pongo las manos debajo de mi pecho, contra la superficie, quiero probar pararme, necesito saber si mis piernas viven, si aún soy capaz de ponerme en pie.

Lo intento por pasos, levanto el torso, recojo una rodilla, después la otra, ya estoy en cuatro puntos y mi cadera se queja, mi espalda se arquea hacia abajo, no tengo fuerza, sólo la voluntad de verme en algún momento de nuevo en pie. Mi cuello resulta ser el primero en animarse, levanta mi cabeza en el momento preciso, puedo ver un barril que viene rodando buscando embestirme. Me dejo caer sobre un costado dando un giro. Me he tirado al suelo, ningún objeto me derribó.

Ahora estoy como un insecto boca arriba, luchando por ponerse en pie, mi desesperación y mis ganas de no rendirme incrementan vertiginosamente, un instante más tarde esta lucha incesante me levanta del piso, estoy arriba, con el aire rozando mis mejillas. Respiro, el aire tibio llena mis pulmones y un  grito ensordecedor nace en mi garganta acompañado de lágrimas que brotan sin fin de los ojos… El miedo se aleja con el sonido. ¡Estoy viva! -Grité. Y así me siento después de mucho tiempo.

La orilla esta lejos ante mis ojos, más no ante mi anhelo de vivir.

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