
Hace tiempo que no pasaba por aquí. Evito tomar el camino del parque al volver a casa. Pero hoy, tuve tiempo, hoy tuve ganas, hoy me trajo la nostalgia a sentarme aquí.
No parece un encuentro casual, pero tampoco podría asegurar que me has estado siguiendo. Te sientas junto a mi sin hablarme, yo te busco los ojos con la mirada, te sonrío.
Vemos pasar la vida en calma desde esta banca. Yo cojo de mi bolso un trozo de pan, y te lo ofrezco. No dices nada, me miras, coges mi mano, y nos quedamos ahí, juntos, en silencio, sin hablar, pero sintiendo algo, no sé con exactitud que es, pero me recorre la mano, viaja por tus dedos, trepa por tu brazo, toca tu corazón, y en un movimiento diastólico me devuelve esa misma sensación. Es un ir y venir entre lo estamos sintiendo, entre lo que vamos perdiendo.
Te escucho suspirar, cierro los ojos, inesperadamente encuentro algo que decir, abro los ojos al mismo tiempo que me has regalado un beso suave sobre la mejilla.
–“Ha sido un placer tenerte de visita por mi vida” te digo, y aprieto con fuerza tu mano. –“No era nuestro tiempo, le hemos robado a la vida un instante que no era nuestro”– me lo dices apenas y lo creo desde siempre.
Tu y yo, fantaseamos muchas veces, sentados en esta misma banca, la posibilidad de tener una historia juntos. Fuimos felices deteniendo el tiempo, robándole a la vida esos pequeños momentos. Pero nuestras vidas eran otras, estaban ya construidas. Nuestras ilusiones empezaron rotas, nos atormentaba la culpa de aquellos pocos besos que un día nos compartimos.
Ahora te veo sonreír, descubro que eres feliz. Como lo soy yo ahora, que tengo una ilusión creada de amor en mi vientre. Estamos aquí, en este parque, en esta misma banca, después de un largo tiempo sin vernos. Necesitados de comprendernos, de perdonarnos. De saber que, no hay reproches, ni rencores. Que la vida es así. Solo un momento. Que no era nuestro destino quedarnos, sólo conocernos.
Que tengas buen viaje… ha sido un placer conocerte.


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