El vestido de flores

Ya no anochece más en aquel vestido de flores que tanto me gustaba, que tanto nos estorbaba. Aquel del que me hiciste cómplice de sus botones, y de su escote mi mejor aliado.

Ahora sólo aprieto dentro de mi bolsillo la certeza de poder hacerte feliz, mientras te observo del otro lado de la calle, y me gana la cobardía, cuando veo la alegría de esa pequeña niña que corre a tu encuentro.

Mi mano sigue apretándose dentro del bolsillo, la fuerza de mi impotencia rompe y hace añicos mi última certeza. Y continuo mi andar contra el viento, del cual solo recibo golpes en la cara. Voy dejando tiradas sobre la banqueta mis ganas de ti.

Voy deseando vivir en al menos uno de tus recuerdos, con hacerme presente en uno de tus pensamientos me basta. De alguna forma sería como estar dentro de tu vida. Aún cuando se trate del rincón de tu olvido. ¡Vaya conformismo el mío!, cuando lo fui todo y no lo vi.

En tus manos está  todavía la llave  que abre la puerta, que mientras más permanece cerrada, más nos aleja. No noto ninguna intención de tu parte por cambiar esta situación, y yo me voy muriendo, con tu recuerdo entre mis ojos, con mis manías que sólo tu comprendías, que sólo tu querías… que yo las dejé crecer en demasía.

Aunque no está prohibido que yo te quiera, cuando no eres tu quien me lo pide, pierde sentido el sentimiento. Porque no es que yo te extrañe, o que después de estos años no haya aprendido a vivir sin ti, es tan sólo un excedente de amor que me quedo de ti.

Este mundo ya ha dado muchas vueltas, pero aún no me ha dejado hablarte, decirte lo mucho que te he amado. Quizá porque muchas veces me callé por miedo, y me arranque las palabras que no te dije, y con ellas desgarré tus sentimientos.

Y fui tan tonto y torpe en mi huida, quise tener una salida siempre a mano ante todo eso que estábamos sintiendo, y al final, ¿qué hay de mi?, un cuerpo atrapado sin puertas, sin ventanas, pero también sin muros. Mi esclavitud es mi doloroso silencio, de todo lo que te quiero decir ahora que ya no eres mía, cuando lo vengo sintiendo desde la primera vez que tus rodillas rozaron con las mías.

Todo te acusa, y yo siento una pena tan profunda, porque yo conozco la verdad. Tu abandono sólo fue el resultado de mi ceguera. Eso es lo que me tiene verdaderamente prisionero, los besos del destierro y  abrazos del olvido.

Y tuve miedo de amarte tanto, de quedarme vacío… que te invite a mi vida con la intención de amarte, y te expulsé de ella porque nunca fui valiente para entregártelo.

Y estoy sentado en este rincón, mirando tu vestido de flores, que parece que me escucha, pero , tampoco a él le interesa lo que tengo que decir ahora. También se cansó de esperar, y se va decolorando con el sol.  Ya no sueña con fiestas ni bailes dentro de sus costuras. Te has ido. Me he perdido.

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