Amor clandestino

«El amor perfecto es una amistad con momentos eróticos»
Antonio Gala

Todo entre nosotros es urgente, nunca hay tiempo para esperar nada. Apenas veo que aparece tu sombra por la esquina mi sonrisa ya tiene ganas de cederle el paso a la palabra. Mis dedos inquietos reclaman a mis brazos un esfuerzo por alcanzar tus cabellos.

Te veo que caminas hacia mi, todavía estás lejos. La prisa de tus pasos hace eterno el momento. Hemos hablado casi todos los días esta semana, pero las palabras cortadas, los mensajes en metáforas, me saben a nada. Hace mucho tiempo que no te abrazo, que mis labios no atraviesan los tuyos. Y esta urgencia de sentirte me arranca del alma suspiros y gemidos.

Como una soledad tan profunda, tratando de desenterrarla. Mi mano se atora en el borde de la manga del suéter, lo acerco hasta mi boca, los dientes rechinan de nervios, escociendo los hilos del suave tejido. No puedo más, me haces un guiño, me tiras un beso, me pongo de pie, más mis pasos no andan. Me quedo parada aquí junto a la banca. Me recargo un poco en la enredadera, no te he quitado la vista de encima y el corazón me brinca agitado con cada paso que te acercas.

Ya estamos juntos otra vez, me llenas de besos, te acaricio la espalda, mis manos corren desesperadas por todo tu cuerpo. A penas cabe un poco de luz cuando separas un momento tus labios de mi boca, me miras, suspiro y ambos soltamos una risa a penas suave. Nos vamos comiendo a besos, nos decimos palabras, son sólo eso, no forman frases, no tienen sentido, el mundo y el tiempo se nos acaban.

Me ofreces tu brazo y yo cuelgo los míos en tu cuello. Me apoyo en ti. Caminamos sin hablar, cada cuatro pasos nos detenemos y nos robamos besos. Sonreímos, me busco en tus ojos tratando de dejarte mi reflejo grabado.

Llegamos a nuestro destino. A penas cerramos la puerta te arranco con fuerza el abrigo. Los zapatos los hemos botado tres pasos antes, todas nuestras ropas estorban, nos roban instantes. Entre besos y abrazos vamos paseando por la habitación chocando con torpeza. Me tiras sobre la cama y siento que no puedo esperar a que me alcances, quiero mirar ese deseo en tus ojos mientras me penetras. Ha sido una larga espera. Tantas fantasías se han contado en mi mente en estos días en que no te he visto. Es tanto el tiempo que paso contigo en mi mente, que me parece muy breve el tiempo de tenerte. Hacemos el amor con furia, nos mordemos, nos jalamos, tiras de mis piernas, te araño los brazos.

Agotados terminamos. Estamos desnudos tendidos uno a lado del otro. No sabemos en que momento comenzar una conversación normal, así que sólo suspiramos y esperamos a que ese instante desaparezca.

Ya de regreso a la realidad, escucho el vibrar del móvil sobre el suelo. Me levanto de la cama para cogerlo. Me han dejando un mensaje, lo leo, pongo cara de nada. Volteo a verte, te has puesto ya los pantalones. Me miras, sonreímos, e intercambiamos un par de piropos por lo rico que ha sido. Tomo mi ropa, me visto con calma. Me ayudas a ponerme la blusa, me llenas de besos los hombros y la cara. Siento tu aliento rosar mi mejilla, me abrazas sin fuerza por la cintura, y sueltas un apenas audible: “te quiero” sobre la orilla de mi oreja.

Tiro de tu cara con mis manos sujetando tus mejillas, te sonríen mis ojos, y mis labios te sueltan un “también yo” atropellado entre un dulce beso.

Debemos marcharnos ya. Hay una vida esperándonos a fuera. Una vida que no es en común, una vida partida y compartida con otros que nos esperan.

Una vez más nos despedimos, sin saber cuando será la próxima vez. Y aunque me duele despedirme de ti, aunque quisiera irme contigo… pongo una sonrisa en mi rostro y sin mayor afán me despido. Tu y yo, seguimos siendo sólo amigos.

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