Te encontré

Observando por la ventana, siempre detrás del cristal, viendo con el mundo va cambiando. Viendo correr a los niños que entre sus juegos van creciendo, se hacen adultos. Observando como la hierba que crece junto a la puerta, con un poco de lluvia y sol, se ha transformado en un frondoso árbol. Veo pasar las estrellas y tras de ellas un nuevo amanecer comienza.

Edificios nuevos que se construyen, se habitan, se deterioran. Mujeres que caminan del brazo de un hombre, van sonrientes, enamoradas, y al volver traen consigo una tristeza o una esperanza. Las cosas desaparecen, se crean, se destruyen, nacen, resurgen, evolucionan, cambian.

¿Yo?, sigo en el mismo lugar, sentada, con mi rutina segura, dentro de casa, mirando solo como las cosas pasan. La vida también pasa, y la sigo dejando afuera, no le he permitido ni tocar a la puerta.

Permanezco viva en el sentido físico, de forma autómata. Despierto, me visto, como, camino, trabajo, regreso, duermo… y sigo ausente. No sueño, no rio, no lloro, no juego, no bailo, no canto… no estoy. Como entregada al letargo, con los ojos abiertos, pero tan cerrados para mirar lo que en verdad está pasando.

Mi conexión con mi “yo” interior, se ha perdido, somos extrañas una ante la otra, ni siquiera nos parecemos ya. Sentí que se había marchado hace mucho tiempo, pero estaba ahí, en un rincón, escondida, casi no la reconozco. Me esta llamando, cuesta escucharla, su voz es tan sutil, apenas un soplo que el alma emite.

Me acerco y me susurra al oido: La vida ha cambiado, y el tiempo que pasa jamás vuelve. La abrazo con fuerza, intento sostenerla y en el intento de recobrarla, de reconocerla, de reencontrarme con ella, descubro que es ella quien me lleva en brazos. Nuevamente estamos juntas, con ganas de engendrar esa semilla que tras este tiempo de oscuridad, podrá buscar la luz y renacer.

En ese instante preciso, un pedazo de mi muere y otro nace. Abro los ojos, pero lo que veo no es igual, pues ahora me abrazo a la vida, me estoy atreviendo a salir del confort de mi exilio, estoy afuera, tan vulnerable, tan frágil, pero tan viva. Me voy convenciendo de que el tiempo de ser, de vivir está en el presente, no en el ayer… nunca en el mañana…

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