
Me he perdido a mi misma tratando de hallar el olvido, me he visto recorrer sin rumbo las calles que tienen la huella de tu andar. Pero siempre es tu trazo, son tuyas las letras de los libros en los que busco las respuestas de tu ausencia.
La noche incansable me persigue, me aleja de todo cobijo, ha llenando de tormentas mi insomnio, desconocidos me parecen todos esos rostros que me miran como si desde el exterior notaran el vacío que hay dentro de mi alma, el lugar que ya no ocupas.
Esa visitante inoportuna, la que rondaba por mi calle mientras a tu lado yo dormía, ella, que sarcástica un ojo me guiñaba desde la ventana, ahora se ha ido. No ha querido hablar conmigo, no quiere llevarse mi dolor, me ha dejado en el destierro, me ha dejado sin remedio.
Ni que decir de la ironía, siempre burlona despierta a mi lado, me llena de encantos, me acomoda el cabello detrás de la oreja, me hace mimos en los brazos. Cínica como siempre, osada y con furia me ha enviando un aviso.
Convierte mi andar en gloria. Dicha que me desborda las manos, me envuelve de abundancia, pero tu sigues ahí, tan lejano y distante, cuando lo que más me gustaría sería compartírtelo.
Esa luna que ha sido más que compañera, es testigo de que mis letras nacen para ti, y ahora se refugia en mi, con una dulce y tierna esperanza. Se esconde, se oculta detrás de cualquier nube, por insignificante o pequeña que sea, ella la hace su cuna, como un escondite para que yo no la vea, para no hablar conmigo, negándose a compartir lo que sabe de ti.
Ahora que en mi día a día lo ocupas todo, lo único que ha cambiado con tu ausencia por aquí, es que no te puedo ver, pero aún vives en mi.
“Cuando le hablas al corazón no entiende, pues no sabe de razones sólo de sentimientos… cuando acaricias la razón, se asusta, pues tiene el concepto de un gesto de amor, más no lo siente.”
-Dolor de Medianoche / Mònic Soto


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