Tenemos la posibilidad de elegir, aunque aprender a hacerlo requiere práctica. Ante una situación difícil, muchas veces podemos decidir no engancharnos y evitar que nos consuma. Yo creí haber aprendido a hacerlo. Pensaba que tenía claro cuando anteponer el desapego.
Sin embargo, he descubierto que hay personas capaces de hacernos perder los estribos. Es como si tuvieran una copia de la llave con la que abrimos la puerta a nuestras reacciones. ¿Cómo llegó a sus manos? ¿Se la habremos entregado sin darnos cuenta?
Hay personas que intentan molestarte; a otras, les das el poder de conseguirlo.
A veces llamamos «tóxicas» a esas personas. Después de convivir con ellas, nos sentimos agotados. Sus palabras y actitudes nos afectan tanto que terminamos reaccionando de formas que no reconocemos. Esa llave que entregamos sin advertirlo les permite sacar lo peor de nosotros.
Cuando una relación altera tu tranquilidad y te hace daño, conviene tomar distancia. No siempre podrás ayudar a la otra persona a cambiar, por mucho cariño o compasión que sientas. Puedes desearle bien sin quedarte donde tu bienestar se ve comprometido. Para recuperar esa llave: reconocer lo que ocurre, ponte límites, respétalos y piensa cuánto espacio le das en tu vida.
«Con la conservación de energía que posee todo lo físico, el sufrimiento ni siquiera necesita las lecciones de la memoria: así, un hombre que ha olvidado las hermosas noches que pasó al claro de luna en el bosque, todavía sufre del reumatismo que cogió en él.” -Marcel Proust


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