Creí que entregaba mi corazón, pero dentro de mí se formó una galaxia de sentimientos.
Mientras él duerme, la luna le observa curiosa. Se acerca, recorre su cuerpo y da pequeños saltos por su alma. Desde donde estoy, esa misma luna también me baña con su luz. En ella puedo encontrarle y volver a sentirlo cerca.
Mi corazón da un saltíto en con cada latido. Su ímpetu me recuerda que estoy viva, que ha decidido amar y, ¡vaya!, de qué manera.
Hablo con mi corazón y le digo: «Tú sabes lo que haces y confío en ti a ciegas. Pero, si te has de equivocar, haz que todo esto nos valga la pena».
Late fuerte, corazón, porque él ahora está lejos. Hazte escuchar hasta que se sienta acompañado con este beat de amor.
Entonces siento tu respuesta y me sorprende, me avisas que te vas, abandonas mi pecho y te mudas a donde él te dará abrigo.
No me importa si estás aquí o allá. Yo sigo sintiéndome fuerte, con la emoción intacta y las ganas de sentir a flor de piel.
Ahora veo luz. Cada día descubro nuevas maravillas, porque sé que estás en un lugar seguro: él tiene un alma buena.
Es ahora cuando descubro todo lo que soy capaz de sentir. Mi costal de cosas por entregar crece con cada sonrisa que él me regala.


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