AMIGA —te llamo así porque esa palabra te abriga, te revela y deja a un lado tu nombre para mostrar quién eres en mi vida—:
Sé que últimamente la has pasado mal. Quizá no en el trabajo, pero sí en tu vida personal. Has atravesado tantas cosas que tal vez aún no alcanzas a ver cuánto has crecido a partir de ellas.
A veces nos cruzamos con personas que hacen mucho ruido. Entran a un lugar y todos las reconocen, o al menos conocen su nombre. Hablan de sus logros, de su esfuerzo y de cada peldaño que han subido. Buscan que los demás vean lo lejos que han llegado.
Y tienen derecho a sentirse orgullosas. A todas nos haría bien aprender a reconocer lo que hemos conseguido. Pero a veces, entre tanto ruido, se levanta tanto polvo que terminan perdiéndose de vista a sí mismas. Necesitan que alguien más les confirme su valor, como si todo su esfuerzo no bastara para reconocerlo por cuenta propia.
Luego hay personas como tú, querida amiga. También has cosechado logros, aunque cultivarlos no ha sido fácil. Has tenido que picar piedra, sembrar en tierra árida y tocar puertas que permanecieron cerradas. Has tropezado y caído tantas veces que quizá la lista de errores te parece más larga que la de aciertos.
Quiero recordarte algo: los triunfos dan satisfacciones, pero los errores nos enseñan a seguir adelante, nos fortalecen.
Tú has recorrido el camino en silencio. No has intentado apilar tus logros para alcanzar el cielo. En cambio, has aprendido a reír a carcajadas, a entregar el corazón con más honestidad y menos miedo, y a mirar con compasión a quienes te rodeamos. Has tendido la mano a otros incluso cuando hacerlo retrasaba tus propios pasos. Siempre dando, aprendiendo y escuchando.
Tal vez por eso tu camino no ha sido hacia arriba, sino hacia adelante.
No sé si lograré hacerte ver todo lo que intento decirte. Cuando mires atrás, espero que no midas tu vida solo por los triunfos, los trofeos o los títulos. Mira también las veces que te levantaste, lo que aprendiste de cada tropiezo y a las personas que acompañaste en el camino.
Para terminar, quiero compartir contigo —y con quien nos acompañe a través de estas palabras— una frase que intento repetirme cada mañana y tener presente durante el resto del día:
«Soy independiente de los comentarios positivos y negativos que los demás tengan sobre mi persona«.


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