Domingo

Solía ver los domingos como un día de descanso que resultaba no serlo tanto porque había que preparar las cosas para la semana.

Este domingo, me he despertado temprano, a la misma hora que lo hago de lunes a viernes. He alistado mis cosas para empezar el día haciendo ejercicio. La rutina de hoy fue muy exigente, agotadora, pero ya aquí en casa, siento más la motivación y satisfacción por haber ido a entrenar que el cansancio de mi cuerpo.

Hay quienes dicen que los domingos son los días donde la gente le da mas vueltas a la cabeza ya sea con los ojos abiertos o entre sueños.

Los domingos son de pedir comida o recalentar los sobrantes de pizza del día anterior. Son días de no quitarse el pijama o de bañarse tarde para salir a tomar un helado o comprar un café para leer ese libro que lleva hojas atrasadas.

Los domingos hay parejas que comparten un espacio pero no ganas. Hay otras que usan el domingo para hablar aún cuando ya no signifique nada.

También los domingos son el día del Paracetamol para algunos. De escuchar canciones repetidamente hasta que te hartas . Suelen ser canciones que hace que la letra encaje forzadamente con algún falso recuerdo con tal de tener el pretexto perfecto para hundirte en el sofá. Y las vuelves a poner.

Hay domingos en los que amaneces en camas equivocadas. O en algunas, que dolorosamente no volverás a estar.

Contrario a lo que decía Shakira, para mí los domingos son de duchas tranquilas y si el lugar cuenta con tina, de baños largos y relajantes. Que algunas veces se comparten y el agua caliente genera un ambiente donde las pláticas son sin tabúes ni juicios.

¡Uy! también hubo muchos domingos donde tuve muchas ganas de escribirle aunque me detuvo la incertidumbre de no saber si me contestaría.

De comidas familiares, de acompañar a mi madre al mercado. De poner la mesa en casa de los abuelos, de esperar encontrar un lugar en el sofá o un cojín en el suelo para ver el fútbol.

A veces quisiera poder regresar de visita a esos domingos de gafas de sol, de paseos de tu mano y besos inesperados contra la pared. De esos largos minutos en donde no decías nada pero me mirabas. De regresar a casa y reconocer el tu olor impregnado en mi ropa.

En fin, creo que siempre el domingo ha sido mi día preferido y no lo había notado.

¡Feliz domingo!

Deja un comentario