Este año calendario está por cambiar, y me encuentro aquí, recostada en el sofá de la sala de un apartamento diferente a donde me encontraba el año anterior.
Muchas cosas han cambiado en estos 365 días transcurridos. He experimentado cambios físicos en mi persona y en el entorno, otros cambios han sido emocional y racionalmente, definitivamente ahora soy una mejor versión de mi misma, ésta me agrada mucho, se acerca a lo que he fantaseado con llegar a ser.
Justo ahora, aquí recostada, me quedé pensando en lo bien que se siente escuchar a mi intuición. Tenía un viaje planeado para el día de hoy pero algo en mi no estaba en sintonía con ese proyecto. De último momento lo cancelé. Agradezco que no me hayan insistido, ya que muchas veces por complacer a los demás termino aceptado cosas que no son mi deseo.
Fue la mejor decisión. Me siento con mucha paz interior. Cómo si una parte dentro de mí se sintiera agradecida por haber sido escuchada. Debo hacerlo a partir de hoy, saber escucharme.
Qué pasa si de pronto estás ante la puerta de abordaje del avión pero decides no subirte, tal vez el avión haga su recorrido normal, sin percance alguno. Quizá tampoco nada en tu vida cambié. Aunque cabe una posibilidad de que, sin que nunca lo sepas, el no haber subido a ese avión hizo que dos personas se conocieran. De alguna manera el destino cambió.
Me gusta imaginar historias, cosas que podrían pasarle a otros o a mi misma según las decisiones que vamos tomando. Tengo la loca idea de que, con cada decisión se despliega una otra yo que sigue el camino contrario a cómo lo estoy viviendo. Es decir, ahora mismo en mundos y tiempos paralelos a este, hay otras yo viviendo las otras opciones.
Esto me lleva a pensar que, en realidad no hay buenas o malas decisiones, solo son caminos diferentes. Es difícil adivinar si en este hay más obstáculos que en lo otros. Por eso es que se siente también haberme escuchado, y no haber ido a un viaje que no tenía ganas de hacer.
En mi vida he cambiado muchas cosas por complacer a otros. A veces a mis padres, otras a mi hermana y muchas a mis amigos o parejas. Entiendo que debe haber una cierta flexibilidad para tener relaciones armoniosas, pero ya no las pondré por encima de mi intuición, de mi paz mental y emocional.
El año 2019 está por despedirse y hoy no lo siento tan fuerte como años anteriores. Quizá porque lo más recurrente en este año fueron las despedidas. Que bien se siente soltar… tener las manos vacías es tener las manos listas para recibir. Así me siento ahora, con ganas de que el 2020 me pille bailando, me coja entre sus brazos y me llene de nuevas experiencias, retos, pruebas, viajes y emociones antes no experimentadas.
¡Venga!, estoy lista para las lecciones que me tiene preparadas el nuevo año. Me siento profundamente agradecida y emocionada.


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