Hace casi 41 años, la locura se encontraba dando vueltas por el mundo, sin importarle el rumbo y mucho menos tenía conciencia del destino. Por su parte, el caos andaba huyendo del orden, buscando no seguir ningún sendero, y cada vez que se retraía de uno, es como si escogiera otro, y eso lo tenía al borde chocar con la locura.
Cuando a penas el alba comenzaba a abandonarse al día, el caos y la locura confundidos, sin poder saber donde comienza uno y donde termina el otro, en su desesperación por no separarse, por estar distantes al mismo tiempo, parieron conmigo.
Y hoy, que termino una vuelta más alrededor del sol, acostada en mi cama mientras escribo, pienso que, se debe tener claro que desde nuestro primer segundo de vida, la muerte comienza su andar hacia nuestro encuentro. Pero no es esa “fatalidad” la que me ocupa, es no ser responsable de lo que significa esta única y escasa posibilidad de estar ¡VIVA!
Más allá del cuidarse, del amor propio, del deber ser con uno mismo. Están siempre mis ganas de no dejar ideas pendientes, no negarme la posibilidad de ser quien soy cada día, sin ir en busca de una falsa aceptación que terminará por ser nada cuando yo misma ya no este más.
Y me doy cuenta de que no hay nada más normal que querer ser distinta, que hacer las cosas de otra forma, es lo que todos deseamos. Que a mi me salgan así, que no sea como lo que otros llaman “normal”, quizá es por esa mezcla de caos y locura, pero muchas veces no soy consciente de esa, mi naturaleza.
Y sé que me quedan otros años por delante, para seguir haciendo lo que me venga en gana, y agradezco de antemano por ello. Ya me acostumbre a los que piensan que no se puede vivir así, a los que les molesta mi forma de ser, a los que la reprueban… Y cuando digo me acostumbre, quiero decir, que los acepto, que podemos convivir, y respeto sin juzgar sus reproches o críticas.
Pero, también me doy cuenta de que hay otros, a los que mis vientos revueltos por el paso de su vida, les ha dejado una huella positiva, los que se suman, los que abordan el tren y los que con gusto me desean un buen camino desde la estación, si es que no desean compartir el viaje.
Así llego a este punto en el cual es un deseo profundo el agradecer a la vida por TODO lo que me ha dado, pero un “gracias” sería muy poco, un VIVA LA VIDA, me gusta más.
Y comienza otro viaje alrededor del sol…. Y aquí voy dispuesta a vivirlo como venga. ¡Feliz cumpleaños a mi!


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