Me ha costado muchas caídas, heridas y raspones, entender porqué o qué es lo que no me permite relacionarme con una pareja por un largo tiempo. Muchas veces me sentí rota, defectuosa, por no poder seguir esos patrones que desde niña te hacen creer que son los correctos (conoces a alguien, te enamoras, y viven juntos por siempre).
Ver a mi alrededor muchas personas que, no es que les resulte fácil alinearse con los patrones establecidos socialmente pero, no se dan por vencidos, se aferran y en la mayoría de las ocasiones logran continuar en esa dirección, permanecer junto a la pareja que escogieron.
Durante tanto tiempo deseé tener una pareja estable, ser una mujer que se adapta, que renuncia a cosas individuales por el fin común. Sin embargo, no me ha sido fácil, no lo he logrado, y me he sentido muy mal por ello.
Algo no estaba haciendo bien. Lo primero que busqué fue una justificación externa: “estoy buscando siempre el mismo patrón, ellos están mal, yo estoy bien”.
Pero no soy una persona que se satisface fácilmente. Así que, después emprendí la búsqueda dentro del auto conocimiento. Pensé: «quizá no estoy vibrando en sintonía con lo que en verdad deseo«. Y apreció la primer gran pregunta; ¿qué es eso, que verdad deseo? Si tomar en cuenta la sociedad, y dejando a un lado, los patrones establecidos: ¿qué me haría sentir feliz?
«Inesperadamente» (en el fondo siempre tuve la respuesta entre mis pensamientos), la respuesta llegó velozmente, lo sorprendente fue sentir que mi alma, mis sentimientos profundos estaban en sintonía. Sin embargo, el miedo de afrontarla me frenó. Comencé a fingir que aún no conocía la respuesta.
Esa resistencia a enfrentarme al cambio, a reconocer lo que en verdad deseo para mi, darle no solo valor, sino la importancia y prioridad que merece en mi vida, me llevó a hacerme más heridas, al sufrimiento, pero sobre todo a la insatisfacción personal.
No fue sino hasta que la llamada «zona de confort» se convirtió en una jaula muy angosta, aplastante, insoportable, que me atreví a decirme en voz alta: «Mi deseo personal, no se alinea con los patrones establecidos, y esta bien».
Comprendí que mi deseo es romper mis propios paradigmas y ser honesta conmigo.
No importa que los demás no lo entiendan, no importa que me juzguen, no me debe importar nada más que lo que yo pienso, creo y siento. Si ese es el camino que me llevará a encontrar la paz y darme momentos de felicidad, debo emprenderlo ya.
Ahora puedo reconocer abiertamente que, no me gusta compartir mi cama por rutina. Me hace feliz vivir sola. Disfruto de varias actividades en soledad, me agota estar con muchas personas por mucho tiempo o continuamente. Mi referencia de espacio vital, es mucho más amplio que el común de las personas. Estoy dispuesta a compartir muchas cosas, pero mi libertad, mi individualidad no son negociables.
Me encantaría encontrar una pareja que lo entendiera. Que pudiéramos compartir una conexión más espiritual más que pensar en el hecho de habitar un espacio en común. Me imagino estar en presencia y compañía de alguien con quien compartir la experiencia de la pasión, de lo carnal con tal fuerza que cada encuentro sea eso, un encuentro de emociones, sentimientos, pensamientos e intimidad; conexión total.
Si bien tengo claro, que mis peticiones rompen con los patrones establecidos, tengo la sensación de que, esa persona, existe. Quizá de ahí nació mi necesidad de moverme de lugar todo el tiempo.
Cabe la posibilidad de que no nos encontremos en esta vida. Pero lo que si ya no es una opción, es detener mi camino. Quiero agudizar mis sentidos, abrir bien los ojos, y dejar de ver espejismos.
Sé que si no me distraigo, si continuo con mi plan de vida, sin que me lo proponga, al final del camino me sentiré plena, llegue sola o acompañada.
Eso quiero para mi, y ahora respetaré mis ideas, mis convicciones. Que mis errores correspondan solo a mis decisiones, no a las ganas de complacer o encajar en las estructuras de los demás.


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