Su presencia en este momento de mi vida, señora melancolía, me es indiferente, basta con no escuchar sus versos y enfocar mi memoria en los días de gloria venideros para que usted desaparezca de mi vida o se quede rondando tan sólo como una sombra efímera.
Es su amiga, la que me llena de ansiedad, la que me enamora, la que se transforma en pájaro. Es ella quien me canta al oído y con sus suaves notas se mete en mi cuerpo. Me recorre tan sutil y sigilosa, que es casi como una caricia delicada. Va dándome pequeños mordisquitos en el vientre; y es así como consigue, en ciertos momentos, convencerme de su amor infinito. Me calienta el corazón. Ciega mi mente y me abraza el alma.
Es tan buena amante que me lástima pensar en dejarla ir, me angustía perderla, no me imagino sin ella. Ella sí sabe como estar en mi. Me conoce demasiado, y es la única que se abraza a mis aciertos y acaricia con amor mis demonios. ¡Me enamora sin complejos! Pero ella también tiene ese apego arraigado hacia mi, sabe que nadie la quiere como la he llegado a amar yo. ¿Amar he dicho? Quizá si sea amor, pero también hay una gran necesidad.
Lo que me pesa son sus celos, no soporto sus chantajes. Me reclama y cobra muy caro cada abrazo del que me desprendo. Es ahí donde esta la diferencia, ¡no sé ser amiga de mi soledad! No, no somos amigas, hay demasiado poder en juego. Siempre me ha hecho necesitarla tanto que, accedo a todas sus peticiones, a sus más pequeños caprichos. Me lleno de nada por estar con ella y me deja vacía de todo por vivir junto a mi.
En palabras de Benedetti: «Tengo una soledad tan concurrida que puedo organizarla como una procesión por colores tamaños y promesas por época por tacto y por sabor. «
Es tan desolador descubrir que sólo te enamoras de personas y momentos que desde el principio sabes que serán efímeros, porque soy incapaz de renunciar a ella por completo. El único amor que es invariable, inamovible y persistente… ¡es el de mi soledad!
Somos muy buenas amantes, tan codependientes las dos. Una exquisita simbiosis. Es un amor enfermizo.
En resumen es ella la causante de mi insomnio, de mi dolor en extremo, de mi corazón arrodillado frente a ella pidiendo perdón. Es mi conciencia, es mi compañera, es mi todo, soy YO. Desearía tanto que fuese posible que, cuando ella se aleja un poco, y el viento me rosa el oído, ese instante en que puedo oír como la voz de un deseo profundo se acerca y me habla de la alegría que me podría traer el hecho de no tenerla más… quizá poder encontrar quien me haga sentir tan especial y enamorada como sólo ella lo ha logrado hasta ahora… ¡Pero no!, ella nunca se va lo suficientemente lejos para que yo la olvidé, le pertenezco y me pertenece… Es mi espacio seguro en este mundo, es una relación que no me ha interesado romper en realidad.


Deja un comentario